viernes, 25 de mayo de 2012

Un pequeño paso, puede cambiar el rumbo

                                        
Mahatma Gandhi, dijo: “Debemos convertirnos en el cambio que queremos en el mundo”. Para ello me entregaré por completo  a la vida, impidiendo que el miedo logre encontrar  hueco entre sus renglones. Convertiré el temor en el coraje que utilizar como el motor de arranque que impulse mi existencia y haga de la situación más problemática, mi mejor lección de vida. Y creo que no es difícil, si entendemos que todos poseemos una luz que habita en nuestro interior, con la que solo somos capaces de conectar cuando el propósito que nos mueve,  es ser mejor de lo que somos, dejar una estela de esperanza que destelle en la oscuridad y una sonrisa que sea capaz de abrazar más allá de la piel.                                                                                                 Cuando tomamos esa decisión, nuestros valores humanos se fortalecen y nuestros actos son inspirados por los principios del amor y la espiritualidad. No hablo de ninguna creencia religiosa en particular, sino del sentimiento de conexión con algo más grande que nosotros mismos.  A esa fuente de energía la puedes llamar como quieras: energía universal, subconsciente, inteligencia divina. Yo la llamare Dios. Y creo que lo natural seria vivir y basar, siempre, nuestras decisiones, bajo esa emoción que  nos embarga y nos empuja a seguir en una determinada dirección.
Ha llegado el momento de renacer de entre los cristales rotos y los afilados recuerdos. La vida es caminar, fluir e ir avanzando a lomos de cada instante que  no vuelve a repetirse nunca. Poseemos la capacidad de adaptarnos a la movilidad de la propia vida y no existen tragedias que puedan con el ser humano, si decidimos  aniquilar toda actitud de victimismo y los inservibles miedos que paralizan el mundo. Porque a veces para construir, antes hay que destruir.
No me prepare en la vida para ser una ayuda en la investigación para la cura del cáncer, pero la vida- gracias y desgraciadamente- si se encargó personalmente de prepárame para ser mi propia ayuda en la búsqueda de la serenidad, la cura del alma y la felicidad a pesar del cáncer. No creo en los iluminados, pero creo en la buena gente que intenta poner al servicio de los demás su propia experiencia y  la fuerza que surge de la actitud de reinventarse con cada pedazo roto, enriqueciéndose de todo lo perdido y aprendido, utilizando las adversidades y los golpes recibidos para crear una nueva realidad que vivir con humildad y desde un latir más consciente. Transformar el sufrimiento en amor y creatividad para el otro, porque ese es el verdadero poder del amor que todo lo vence y hace que nuestra vida implique un bello compromiso con el propósito de dejar algo con sentido en el mundo.
No olvidemos que el mundo pertenece a los luchadores que dominan la inspiración y la voluntad, para alcanzar su destino, porque creen en el infinito poder de los sueños.                                         


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